Sinestesia:
1. (Biol) Sensación secundaria o asociada que se produce en una parte del cuerpo a consecuencia de un estímulo aplicado en otra.
2. (Lit) Figura retórica que consiste en la atribución de una sensación a un sentido que no le corresponde.
El concepto se explica a sí mismo. Haber creado una definición para tal sensación es más que suficiente para las explicaciones que podrían dársele.
La sinestesia está presente en el arte desde sus comienzos. Intentar expresar un sentimiento por medio de notas musicales o trazos sobre un lienzo va mucho más allá que simplemente nombrarlo. La pena, el terror o la dicha son más que llanto o sonrisas, son sensaciones porque se sienten, no se racionalizan, no se explican. El arte es el vehículo del sentimiento porque no podemos abarcarlo en un registro académico, porque no podemos explicarlo con las expresiones comunes, porque no basta dibujar hombres sonriendo para expresar la felicidad, ni basta con escribir "se encontraba muy triste" para expresar el dolor o la pena.
La definición de sinestesia es simple, es sencilla, es comprensible, pero quedarse en ella es cometer un error. La sinestesia no puede explicarse, la sinestesia tiene que sentirse, y para sentirla es necesario vivirla, es necesario encontrarla, como al arte -porque es parte innegable del mismo-.
Pero, entonces, ¿cómo interpretarla? ¿Cómo interpretar algo que no se explica sino que se siente? Es simple, no se hace. Basta con la explicación más sencilla, la que se refiere al significado más obvio, al que no tiene que elaborarse, al que simplemente existe por mero sentido común. Lo demás, hay que tragárselo.
En el momento en que comenzamos a buscar una interpretación más allá del concepto, lo transgredimos, transgredimos su esencia y lo convertimos en algo burdo, mundano. Pero esto también puede pasar, de cierta manera, a partir del arte. No sólo la interpretación puede destruir una obra otorgándole un exceso de significado, sino que una obra puede destruir lo que quiere decirse cuando lo que hace es deshacerse de la interpretación interna, del encuentro íntimo con la obra, para intentar entregar una explicación explícita de lo que trata de comunicarse.
Comprender una obra no es lo mismo que interpretarla. Comprender una obra es algo personal a lo que se llega a partir de un vínculo que se forma entre la obra misma y la persona que la recibe. La creación de éste vínculo es lo que le da validez a la obra. Si para expresar la tristeza y el olvido no basta con plasmar lágrimas sobre el lienzo, se vale pintarlo todo de azul y dibujar una casa en ruinas en medio de las montañas escarpadas, con un muñeco de felpa abandonado e invadido por el moho. Más aún, no sólo se vale hacerlo: es necesario. El arte falla cuando tiene que volverse explícito para que el espectador lo entienda. Synesthesia falla cuando la única manera que logra para comunicar el significado del concepto es copiándolo y tranformándolo en imágenes.
La sinestesia es un recurso artístico y, para comprenderla, no basta con reproducirla, sino con producirla. El momento en que los recortes de palabras toman forma de alimento, la sinestesia se hace presente sin necesidad de recurrir al significado directo, pero en el momento en que el chico saborea los vinilos para luego decir un color en voz alta, la idea de sinestesia pierde todas las sensaciones que pudo haber despertado en el espectador.
No puedo ir más allá de mi encuentro con el cortometraje, no puedo interpretar su significado más allá de lo obvio: la sinestesia es una figura retórica que consiste en la atribución de una sensación a un sentido que no le corresponde. El nivel del comprensión que alcancé a compartir con la obra alcanza solamente a un aspecto primario, lógico, más no sensible.
¿Qué más puedo decir? Que la obra, desde mi encuentro con ella -que es realmente de lo único de lo que puedo hablar con certeza-, falla en el momento en que se desarrolla y plasma como una interpretación del concepto, en lugar de una expresión del mismo.
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