miércoles, 9 de marzo de 2016

Con-su-mismo Marrano


Artista: Kevin Nishijima
Nacionalidad: Japonés/Estadounidense
Edad: 26 años

"Con-su-mismo Marrano" es una obra que busca plasmar la realidad capitalista y consumista que ha invadido hasta el mismo corazón de nuestros hogares: los niños. En forma de los héroes favoritos de nuestros pequeños, la "cultura" consumista se ha adueñado de todos los rincones de nuestra cotidianidad. Desde Canadá hasta Australia, pasando por Estados Unidos, América Latina y Asia, las pequeñas figuras de juguete se reproducen en nuestros hogares sin que podamos evitarlo, llamadas por las voces de los pequeños que no pueden saber lo que hay tras la inmensa industria del merchandising.
La obra se realiza en un hogar colombiano, donde se le pide a un niño de cuatro años que elija los últimos juguetes con los que ha jugado para añadirlos a la obra. A partir de esta elección, se ve la manera cómo la cultura estadounidense está presente en todo el mundo, posicionándose por encima de las tradiciones y la cultura del lugar.

Kevin Nishijima estudió un pregrado en Sociología en la Universidad de Massachusetts y una maestría en artes en la Universidad de New Jersey, hijo de un inmigrante japonés y una mujer estadounidense, Kevin creció en medio de dos culturas distantes con puntos de convergencia que lo llevaron a estudiar Sociología en un primer lugar. Deja sus estudios por un par de años para recorrer América Latina como "mochilero", regresando a su país natal cubierto por una estética colorida que decide desarrollar ampliando sus estudios con una maestría en artes.
Sus experiencias lo llevan a trabajar una fotografía crítica y colorida que buscar plasmar críticas de la sociedad globalizada.

"Con-su-mismo Marrano" hace parte de la exposición "Costumbres perdidas", que presenta numerosas fotografías en tres ambientes diferentes: Estados Unidos, Japón y Latinoamérica, donde se realiza una crítica a la manera en que las costumbres de las diferentes culturas se pierden en medio de la globalización excesiva.

martes, 1 de marzo de 2016

¿Sinestesia?


Sinestesia:

1. (Biol) Sensación secundaria o asociada que se produce en una parte del cuerpo a consecuencia de un estímulo aplicado en otra.
2. (Lit) Figura retórica que consiste en la atribución de una sensación a un sentido que no le corresponde.

El concepto se explica a sí mismo. Haber creado una definición para tal sensación es más que suficiente para las explicaciones que podrían dársele.

La sinestesia está presente en el arte desde sus comienzos. Intentar expresar un sentimiento por medio de notas musicales o trazos sobre un lienzo va mucho más allá que simplemente nombrarlo. La pena, el terror o la dicha son más que llanto o sonrisas, son sensaciones porque se sienten, no se racionalizan, no se explican. El arte es el vehículo del sentimiento porque no podemos abarcarlo en un registro académico, porque no podemos explicarlo con las expresiones comunes, porque no basta dibujar hombres sonriendo para expresar la felicidad, ni basta con escribir "se encontraba muy triste" para expresar el dolor o la pena.

La definición de sinestesia es simple, es sencilla, es comprensible, pero quedarse en ella es cometer un error. La sinestesia no puede explicarse, la sinestesia tiene que sentirse, y para sentirla es necesario vivirla, es necesario encontrarla, como al arte -porque es parte innegable del mismo-.

Pero, entonces, ¿cómo interpretarla? ¿Cómo interpretar algo que no se explica sino que se siente? Es simple, no se hace. Basta con la explicación más sencilla, la que se refiere al significado más obvio, al que no tiene que elaborarse, al que simplemente existe por mero sentido común. Lo demás, hay que tragárselo.

En el momento en que comenzamos a buscar una interpretación más allá del concepto, lo transgredimos, transgredimos su esencia y lo convertimos en algo burdo, mundano. Pero esto también puede pasar, de cierta manera, a partir del arte. No sólo la interpretación puede destruir una obra otorgándole un exceso de significado, sino que una obra puede destruir lo que quiere decirse cuando lo que hace es deshacerse de la interpretación interna, del encuentro íntimo con la obra, para intentar entregar una explicación explícita de lo que trata de comunicarse.

Comprender una obra no es lo mismo que interpretarla. Comprender una obra es algo personal a lo que se llega a partir de un vínculo que se forma entre la obra misma y la persona que la recibe. La creación de éste vínculo es lo que le da validez a la obra. Si para expresar la tristeza y el olvido no basta con plasmar lágrimas sobre el lienzo, se vale pintarlo todo de azul y dibujar una casa en ruinas en medio de las montañas escarpadas, con un muñeco de felpa abandonado e invadido por el moho. Más aún, no sólo se vale hacerlo: es necesario. El arte falla cuando tiene que volverse explícito para que el espectador lo entienda. Synesthesia falla cuando la única manera que logra para comunicar el significado del concepto es copiándolo y tranformándolo en imágenes.

La sinestesia es un recurso artístico y, para comprenderla, no basta con reproducirla, sino con producirla. El momento en que los recortes de palabras toman forma de alimento, la sinestesia se hace presente sin necesidad de recurrir al significado directo, pero en el momento en que el chico saborea los vinilos para luego decir un color en voz alta, la idea de sinestesia pierde todas las sensaciones que pudo haber despertado en el espectador.

No puedo ir más allá de mi encuentro con el cortometraje, no puedo interpretar su significado más allá de lo obvio: la sinestesia es una figura retórica que consiste en la atribución de una sensación a un sentido que no le corresponde. El nivel del comprensión que alcancé a compartir con la obra alcanza solamente a un aspecto primario, lógico, más no sensible.

¿Qué más puedo decir? Que la obra, desde mi encuentro con ella -que es realmente de lo único de lo que puedo hablar con certeza-, falla en el momento en que se desarrolla y plasma como una interpretación del concepto, en lugar de una expresión del mismo.